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sabato 19 marzo 2022

Hipólito Lázaro - IL PUNTO D'APPOGGIO DEL FIATO e LA POSIZIONE VOCALE PERFETTA nel canto lirico


IL PUNTO D'APPOGGIO DEL FIATO e LA POSIZIONE VOCALE PERFETTA nel canto lirico, secondo il celebre tenore Hipólito Lázaro:

Poniti di fronte ad uno specchio, in posizione ferma, con la testa leggermente inclinata verso il basso, guardandoti. Inspirerai profondamente attraverso il naso, il più lentamente possibile, con l'idea di mandare quest'aria all'addome. (...) metterai le labbra a forma di pesce, imitando la forma della bocca del nasello (merluzzo), poiché è tale pesce che si presta di più a questo esempio. E conterai uno, due, tre, quattro, cinque, ecc., possibilmente in italiano, per abituarti alla lingua. Fai questo esercizio fino ad arrivare a contare una quantità numerica, come cinquanta o sessanta, che sia la più elevata che ti è possibile raggiungere.
Questo esercizio serve a sviluppare l'apparato respiratorio, le fosse nasali, la laringe, i bronchi, i polmoni, le costole e per rinforzare il torace, il diaframma e l'addome.
L'inspirazione profonda trattenuta nell'addome, ti servirà per cantare a mezzavoce, e sostenere le frasi lunghe. Per cantare le note del registro acuto dovrai eseguirle con la respirazione appoggiata ne l'addome, il diaframma e il torace. (...)

Successivamente, per dominare il fiato a tuo piacimento, devi fare il seguente esercizio:
Sempre davanti allo specchio, metti la bocca a forma di "pesce", come t'ho indicato, con la testa leggermente abbassata, che è la posizione perfetta per indirizzare il fiato verso il "labbro superiore". Prendi un respiro profondo attraverso il naso, espira l'aria poco a poco, come se dovessi scaldare la punta delle tue dita al freddo, con l'intenzione di dirigere quell'esalazione di vapore dietro al "labbro superiore", vale a dire appoggiata dietro ai denti superiori che è il punto che funge da "arco armonico" per il suono; il suono ben piazzato fuoriesce dalla volta del palato.
Quando padroneggerai il posizionamento di quell'esalazione di vapore, con l'idea, come ti ho detto, di guidarlo al "labbro superiore", inizierai a saper posizionare, nel suo punto d'appoggio, il fiato e, se hai il senso dell'intuizione, come t'ho avvertito, in breve tempo apprenderai la scuola di canto. 

 


Questi segni che ti indico di seguito sono quelli che uso per prendere fiato e che devi imparare alla lettera.

1 'V
2 V
3 '

Il primo significa: inspirazione profonda (1).
Il secondo: respirazione normale (2).
E quest'ultimo: è il fiato "rubato" (3), che userai molte volte senza che il pubblico se ne accorga.

(Hipólito Lázaro - "Mi método de canto", 1947)

[trad. it. a cura di Mattia Peli] 

 


Il celebre tenore Hipólito Lázaro tiene una conferenza sulla tecnica del canto lirico a Barcelona (Facultad de Medicina)

Hipólito Lázaro en su conferencia del primer curso español de Fonología y Foniatría, en la Facultad de Medicina de Barcelona

En esa época [1953] fui invitado por el ilustre médico don Jorge Perelló, para dar el primer curso español de Fonología, en la Facultad de Medicina de Barcelona. Mi conferencia versó sobre técnica del canto. El doctor Perelló me escribió después que el curso había despertado un interés muy grande y que la inscripción había sido muy numerosa. Me produjo una gran satisfacción al verme en aquella aula magna, entre personas de tanta valía come el doctor Gregorio Marañón, el doctor Augustín Pedro Pons, etc. Les canté unas romanzas de "L'Africana", el "O paradiso", "Spirto gentil", etc. Me acompañó el gran Director D. José Sabater.

(Hipólito Lázaro - "EL LIBRO DE MI VIDA" - Havana, 1949 - Tercera edicion, 1968) 

 

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"La Vanguardia" - Edición del jueves, 30 abril 1953, página 13

giovedì 17 marzo 2022

Hipólito Lázaro - CONTRO L' "APRIRE I SUONI", grave errore nell'arte del canto lirico

Hipólito Lázaro - CONTRO L' "APRIRE I SUONI", grave errore nell'arte del canto lirico:

Paseaba luego por las afueras de la ciudad [Milano] hasta las nueve, en que regresaba a casa a descansar, aunque empleaba parte de la noche en memorizar, "Lucia". (...)
Cuando tuve memorizada "Lucia" fuí a ver al agente señor Lusaldi para noficarle que esta dispuesto a aprender "Bohème". Me mandó al Maestro que trabajaba para él, preparándole artistas; me advirtió que era un gran repasador y profesor de canto. Me dijo también que todos los gastos corrían de su cuenta y que dicho señor ya estaba en antecedentes y me estaba esperando para estudiar bajo su dirección.
Al siguiente día me presenté en el domicilio del Maestro que estaba situado en Vía Monte Napoleone; comencé acto seguido la ópera mencionada. Encontré algunos recitados difíciles de pronunciar.
Me hacía vocalizar y me decía que, a medida que fuese subiendo la voz tenía que ir abriendo la nota "como si fuera un paraguas". Yo me resignaba sin creer en lo que me decía, porque comprendía estaba en un error, pero como no pagaba y no tenía con qué satisfacerle sus emolumentos, pues era además muy caro por ser protegido de Lusardi, me aguanté con la esperanza de que en pocos días no me haría daño el vocalizar como quería ese hombre, que más bien parecía un demente que un ser normal, de los gritos que daba para enseñar. Tanto imité el asunto del "paraguas", que antes de transcurrido un mes, no podía dar el DO, del "Racconto" del primer acto (yo que cuando entré en aquella escuela llegaba con toda facilidad a un FA sobre-agudo) intenté hacerlo dos o tres veces con la voz abierta, y me fue imposible. Quedé un momento anonadado en pie delante del piano, reflexionando, y mi buen sentido me dictó lo que debía hacer porque aquello era la sentencia de muerte en mi carrera: había perdido los agudos, lo más impresionante de mi voz. Rápidamente puse en práctica lo que me aconsejó mi intuición: Fui al piano, cerré la partitura, me la puse debajo del brazo y cogiendo mi sombrero me dispuse a tomar las de "Villadiego"; entonces el Maestro me asió de un brazo y muy sorprendido, o haciéndolo ver, me preguntó: ¿Dónde vas loco?
También los interesados en desacreditarme y echarme por tierra, decían estaba de remate. ¿Por qué dirían que estaba de "ferza"? Nadie me conocía y últimamente en Barcelona no me había peleado con nadie. Lo más probable es que ya estuviese todo preparado, mientras se notificaba por toda España que yo me iba a Italia. No hay que olvidar que el señor Gasparini había escrito al agente Deliliers, y lo mismo podía haber hecho a otros personas interesadas en que no hubiese un gran tenor extranjero, pues el señor que escribió desde Barcelona, sabía muy bien lo que decía, ya que había sido un gran tenor en su época y continuaba en el ambiente porque su esposa era una gran medio-soprano; así que este señor era un hombre de crédito dentro del teatro. La prueba más elocuente de cuanto digo, es que me contrataron todos los agentes sin haberme oído.
Por toda respuesta dí al maestro un empujón, de los míos, con el que fue a parar al piano y desde la puerta le recité la frase del tercer acto de la Bohème "CI RIVEDREM ALLA STAGION DEI FIOR" y salí por la escalera pitando como alma que lleva el diablo sabiendo que huía de un grave peligro. El vino tras de mí unos peldaños, diciéndome: "Vieni su pazzo!" (ven arriba loco...) .... Afortunadamente no le hice caso y no paré de correr hasta que llegué a mi pensión.

 

LUIS BLANCH - su 'La Vanguardia' del 24 marzo 1908

Una vez allí comencé a vocalizar como me había enseñado el maestro [Luis] Blanch. Pocos días después volví a tener la voz cerrada y torné a subir al FA sobre-agudo como si nada me hubiese pasado, con agilidad y con absoluta limpieza. Entonces no me dí cuenta, pero seguramente alguien le había mandado me abriera la voz para que no pudiera montarla y así podría hacer los agudos; ¡quizás, hasta recibió una gran suma para cometer tal crimen!, pues a medida que vaya exponiendo hechos, el lector irá comprendiendo que había mucho o algo de base para conjeturas.

(Hipólito Lázaro - "EL LIBRO DE MI VIDA" - Havana, 1949)

 

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—Te gustaría aprender el canto?
—Sí, Usía; ya he estudiado una temporada con la célebre soprano Carmen Bonaplata.
Entonces, el teniente coronel, señalando a un caballero que estaba presente me dijo:
—Este señor es el maestro de canto don Luis Blanch, de gran teatro del Liceo de Barcelona y cantor de la Capilla de la Catedral; me ha dicho que te daría lecciones gratis, sólo para tener el placer de enseñarte su escuela, pues siendo músico no perderías el tiempo.
Yo acepté contentísimo, y quedamos en que iría todos los días a su casa a la hora de paseo, a recibir su lección. El señor Blanch me dijo: vivo aquí, al lado del cuartel, en la calle Sitjas, núm. 6, segundo; desde mi casa le he oído estas mañanas vocalizar y no quiero que se pierda un tenor que será una gloria para España.
En verdad que todos los entendidos que me oían me decían lo mismo.

(Hipólito Lázaro - "EL LIBRO DE MI VIDA" - Havana, 1949)
 

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